El maratón de Guadalajara se celebró el domingo 6 de noviembre y empezamos con fuegos pirotécnicos a las 6:35 am en la Avenida República, en el centro histórico cuando aún el cielo estaba oscuro y un buen ambiente de todos los maratonistas. Una competencia dura, con fuerte sol por lapsos, con 14 puentes que tuvimos que subir y bajar, seis sobre Lázaro Cárdenas que se duplicaron y que en total fueron 12, más el famoso puente “Matute” y el último sobre Avenida Vallarta.
Yo me encontraba preocupado, mucho más que en anteriores maratones porque desde el viernes 28’de octubre después de mi masaje deportivo empecé a sentir molestia muscular en los Isquiotibiales, en general en todo el tendón de la corva y en el muslo también, toda la pierna izquierda jodida; afectó que el jueves 27 corrí mi ultima distancia de 18 kms y no pude hacer mi crioterapia tal y como acostumbro después de una distancia; la crioterapia consiste en sumergir mis piernas en una tina o pileta y con dos bolsas de hielo, ahí sentado durante 20 minutos me ayuda a la recuperación, es bastante efectivo.
El sábado 30 y los días posteriores el dolor no cedió, el miércoles 1 de noviembre ya en Morelia corrí 40 minutos y ahí aumentó la lesión. En fin, el jueves 3 me di el último masaje descontracturante y relajante en Guadalajara, ayudó, pero aún así el sábado 5 y el domingo en la mañana del maratón me encontraba con la duda si podría aguantar los 42 kilómetros pues al ser un tema muscular, éste sólo se remedia con reposo y yo no sabía la magnitud de la lesión; quizá también me encontraba somatizando en función de los nervios de lo que implica un maratón. No omito mencionar que los días previos me aplique gel con marihuana y diclofenaco gel.
Ya en los corrales lo único que deseaba era terminar y que las piernas me respondieran toda la ruta.
Empezada la carrera me mantuve estable, con un ritmo, un “pace” similar toda la competencia, “sin prisa, pero sin pausa”, tal y como una chava lo mostraba en una cartulina sobre la Avenida Lázaro Cárdenas tanto en el kilómetro 19 y en el 26, puesto que en ese trayecto de la citada avenida, recorrimos desde el kilómetro 18 al 25, dimos la vuelta en U y de ahi hasta el 32; ésta chica se movió de una dirección a otra con tan sólo cruzar el camellón.
Empecé lento por el tema de las piernas y de no provocar un desgarre o algo por el estilo; conforme avancé tomaba confianza, pero no confiado porque el meollo estaría al pasar el kilómetro 28 y en adelante para saber si realmente estaba hecho de verdad éste día.
Las primeras calles y kilometros, aledañas al centro, el común denominador era gente mayor, hombres y mujeres que nos tiraban gritos de apoyo, estaban en grupo y la algarabia era muy gratificante; sin embargo, no sólo fue en esos primeros 10 kilómetros, sino toda la carrera, la gente de Guadalajara fue y es muy cálida y qué decir de los innumerables gritos de apoyo a mi persona por portar la playera de las Chivas para la carrera, “chiva hermano”, “venga Chivas”, “qué playera tan elegante”, “aquí si ganan las Chivas porque sí lo terminas”, etc.
A diferencia de otros maratones y paradójicamente en relación a mi preocupación muscular, no tuve crisis en ningún kilómetro, mi carrera fue estable y sin momentos difíciles, excepto el dolorcito del esfuerzo que implica éste tipo de reto.
No omito mencionar que fue muy disciplinado para tomarme cada siete kilómetros mi “glucose tablets” para tener ese shot de energía, así como el hecho de hidratarme en cada estación de “electrolit”, el electrolito patrocinador del maratón de Guadalajara 2022. También tomé todas y cada una de las naranjas que la gente nos regaló; también me hidraté con agua, pero sobretodo la usé para refrescarme y mojarme la cabeza y la espalda, con la precaución de no mojar los tenis para evitar que se pongan duros y así que las uñas de mis pies se dañaran, se rompieran.
Algo importante e interesante fue que en tres o cuatro ocasiones pare para que voluntarios de la organización me colocaran gel o spray para beneficio de los muslos, no se qué exactamente es la sustancia que contenía, pero sabía que me ayudaría a mitigar el dolor muscular; tengo claro que fue en el kilómetro 25 y el 30 que paré.
También fue emocionante para mí ver elementos del ejército mexicano o guardia nacional, en relación a mis ancestros tengo un gran amor a la institución y de ésta manera les alentaba en su idioma “fibra”!, “arriba el ejército mexicano” y también fueron recíprocos conmigo, esto sucedió en los kilometros 30’y 37.
Cuando llegué el kilómetro 30 me di cuenta que iba a terminar y mi miedo se disipó completamente, sabia que mi maratón número nueve era cuestión de tiempo y me percaté de nuevo que el cuerpo tiene memoria y que además de ya haber recorrido esa distancia ochos veces anteriormente, me entrené durante seis meses; la clave de un maratón es el entrenamiento.
Al darme cuenta que terminaría, empecé a arengar a los que veáis que empezaban a caminar y les alentaba a trotar lento y darles ánimos; por lo demás gritaba a los compañeros “ya chingamos’” y así fue hasta la meta ubicada frente a la catedral de Guadalajara, al final de la Avenida Hidalgo.
Éste Maratón se lo dedique a mi querido equipo, mi Rebaño Sagrado, el Club Deportivo Guadalajara que tanto amo.
Agradezco la calidez de la gente de Guadalajara que nos arropó en el trayecto y de mis primos y amigos que un día antes organizaron una comida, pero sobretodo Gracias a Dios, tal y como lo hice al llegar, al arrodillarme y agradecerle haberme permitido llegar; posteriormente caminé por mi medalla, antes nos dieron fruta, agua, etc, me dieron un masaje y para festejarme, de ahí jalé para las Tortas Ahogadas Colomos, en Providencia, me comí tres con dos aguas de horchata deliciosas.
Como parte de la recuperación, horas más tarde, el mismo domingo, me di un baño de hielo, me senté en una tina, cubrí las piernas con agua hasta la cadera y con dos bolsas de hielo permanecí 20 minutos. Ésta terapia llamada crioterapia es esencial para descontracturar, recuperar los músculos para evitar dificultades al caminar y/o bajar escaleras al siguiente día.
El martes 8 me hice un masaje des contracturante y una semana después, el martes 15 otro masaje para terminar de liberar la sobrecarga muscular.










