Por: Federico Olvera.
10 de Octubre 2017.
Buenos Aires amanecía aparentemente como si fuera un martes normal. Un día entre semana, templado en el inicio de la primavera, con el tráfico y el bullicio acostumbrado de una capital de un país de más de 40 millones de habitantes que; sin embargo, sufrían porque su selección nacional estaba en serio peligro de no calificar a la copa del mundo de Rusia 2018.
Ese mismo día, por la noche, se jugaba su historia, su reputación, su prestigio, en pocas palabras la soberbia de una selección acostumbrada a ganar. Estaba en riesgo como no lo estuvo en más de 30 años, sólo comparado con la eliminatoria de cara al mundial de México 1986 que los coronó campeones del mundo.
Argentina y cinco selecciones más se jugaban la vida en la última fecha: Uruguay, Chile, Colombia, Perú y Paraguay, todos tenían posibilidades de estar o de quedar fuera de la cita mundialista.
La albiceleste controlaba su pase y aseguraba repechaje con la victoria de visitante ante Ecuador en Quito, ciudad que está a 2850 metros de altura sobre el nivel del mar. Donde solo ganó dos veces en eliminatoria en 1962 (los dirigió XX) y en el 2001 (los dirigió Marcelo Bielsa).
Dos días antes del encuentro en Buenos Aires, los taxistas, los empleados de todo tipo de empresas coincidían sobre el miedo. Sí, la misma palabra que utilizó al final del partido contra Ecuador el mismísimo Lionel Messi, quien esa noche se convirtió en el héroe con tres anotaciones.
“Estos jugadores no están acostumbrados a jugar ante tal posibilidad de quedar fuera del mundial y ante los malos resultados el miedo crece; eso los paraliza y no les permite jugar bien” comentó un taxista.
Otras personas dijeron que el problema viene de arriba, de la cabeza, de Claudio Tapia, el actual Presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), quien tiene antecedentes como sindicalista, que junto a las cabezas de Independiente y Boca Juniors manejan el balompié argentino, al parecer, de manera indebida. Conforman un liderazgo que deja muchas dudas y que balconea luchas de poder e intereses.
La gente también comentó que los jugadores no dan el cien por ciento porque ya tienen fama y dinero en sus clubes. Asimismo critican qué, a pesar de que Lionel Messi es el único que juega bien, no tiene el liderazgo de Diego Armando Maradona, que casi solo jugó y dirigió a su equipo para ganar la Copa del Mundo en México 1986.
Otro sector de la afición argentina estaba preocupada, confundida y no sabía explicar las razones por las cuales su selección no pudo lograr los resultados esperados hasta antes del comienzo del partido decisivo, solo esperaban el inicio del juego.
Se llegó la hora del partido y al segundo 45 Ecuador ya ganaba 1-0 cuando la gente apenas se acomodaba en un bar del centro histórico que parecía un funeral, todo era silencio.
El silencio y la expectativa se mantuvo hasta que el Messias logró marca el gol del empate al minuto 25. En ese momento el ambiente se relajó sabedores de que necesitaban un gol más. Sin embargo, en el ambiente aún había nerviosismo.
La tranquilidad llegó 10 minutos después con el segundo gol de Leo, quien definió con un trallazo al ángulo de la portería ecuatoriana. A partir de ese momento la tranquilidad apareció hasta el final del cotejo.
Al minuto 60 Messi, con una majestuosa jugada muy a su estilo dio cifras definitivas al partido al colocar el 1-3 ante la algarabía y total relajamiento de los aficionados que estaban en el bar bonaerense.
Los argentinos fueron sobrios en su celebración, quizá porque por un lado están acostumbrados a asistir a las citas mundialistas y por otro su selección no jugó al nivel de la expectativa que se esperaba. Al siguiente día se respiraba tranquilidad y alegría, pero ya poco se comentaba del juego.